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    07:28 pm   18/11/2019,  Laguna Woods, California

    De la rutina digital al desarrollo de la CIUDADANÍA Digital

    → Hoy me levanté con un nuevo ringtone, puse mi playlist favorita para desayunar, respondí mi WhatsApp, chequée los likes del selfie que subí anoche a Instagram. Hoy es tendencia #HazloRealidad, actualicé mi estado #sisepuede y retwuittié algunos posts de aliento.

    Cualquier parecido con la realidad no es coincidencia. Es posible que esta breve rutina matutina se parezca a la tuya, a la de tus hijas, hijos, estudiantes o colegas.

    Nuevas prácticas, nuevas oportunidades, nuevos problemas

    El escenario de las prácticas sociales se ha amplificado creando nuevas interacciones a través de las redes sociales y aplicaciones móviles. Estas prácticas abren nuevas oportunidades, pero junto con ello, también nuevos problemas y desafíos.

    Las tablets se han convertido en el nuevo chupón del siglo XXI. La exposición a dispositivos móviles empieza a edades cada vez más tempranas, a pesar de recomendaciones de instituciones como la Academia Americana de Pediatría(1) para limitar la exposición de las tabletas digitales a menores de 2 años, especialmente si están a solas con el dispositivo. Por ejemplo, solo se recomienda su uso en compañía de un adulto para actividades puntuales y breves que contribuyen a fortalecer interacciones sociales, como participar en una videoconferencia para ver a otra persona o escuchar una canción.

    Por su parte, los adolescentes (entre 13 y 17 años) pasan en promedio 9 horas diarias frente a las pantallas; el 60% de ellos reconocen que es un tiempo excesivo, pero al mismo tiempo admiten que no pueden controlarse, según el estudio realizado por Pew Research Center(2). Por otro lado, se observan tanto en niños y grandes conductas groseras, y hasta agresivas, al realizar un pedido a “Siri” o “Alexa”. El asistente virtual, programado para responder, termina convirtiéndose en un esclavo virtual de un individuo que no registra ninguna consecuencia ante su forma de trato. Organizaciones como Common Sense(3) y Childwise(4) advierten que este tipo de prácticas tienen repercusiones en el desarrollo de habilidades como la empatía y, sobre todo, ponen en evidencia la carencia de valores fundamentales como el respeto.

    Las tecnologías digitales nos ofrecen oportunidades únicas para informarnos, aprender y para ampliar las formas de comunicación, pero también traen nuevos problemas. Los individuos tienen que aprender a lidiar con la hiperinformación en un entorno de hiperconexión, donde a veces estar más conectado termina aislándonos de los que están más cerca.

    Retos para la construcción de la ciudadanía digital

    El concepto de ciudadanía asociado con «los derechos y responsabilidades de vivir en una comunidad» (Impero 2016(5) se expande en una era digital a través de nuestra participación en las redes y espacios virtuales.

    Pero esta relación con las tecnologías tiene que entenderse desde el contexto socioeconómico y sociocultural donde se desenvuelven los individuos, pues no se trata de una relación que dependa de las habilidades individuales ni de dispositivos tecnológicos. Se trata de una manifestación de la relación entre las tecnologías y las relaciones estructurales e interpersonales en las que están inmersos (Helsper, 2018). (6)

    Entonces, el gran desafío consiste en crear condiciones para el desarrollo de la autonomía personal y preparar a ciudadanos en entornos digitales y globales. Por eso la llamada a un ejercicio responsable de la actividad que realizamos en entornos digitales es válida para todos los usuarios, niños, jóvenes, padres y madres de familia, pero también para las empresas que proveen y desarrollan este tipo de servicios y dispositivos.

    Existen diversas definiciones sobre ciudadanía digital (Ribble, 2011; UNESCO, 2015; OECD, 2016) que coinciden en que debe aprenderse, desarrollando un set de habilidades digitales y socioemocionales al mismo tiempo, manera trasversal desde la escuela y en nuestras interacciones sociales.

    Para este fin, proponemos tres elementos claves a desarrollar:

    Identidad digital: Involucra la gestión coherente y responsable de los datos personales y los elementos de privacidad, reputación y visibilidad en entornos digitales.

    Acceso seguro: Implica la adopción de prácticas saludables, seguras, y éticas al usar herramientas digitales, respetando las regulaciones en diferentes contextos públicos y privados.

    Participación ciudadana: Supone involucrarse en asuntos de interés público, local y global, en entornos y redes digitales, demostrando interés y expresando sus opiniones con libertad y respeto en las interacciones sociales que establece.

    El siglo XXI nos desafía a construir una sociedad que refleje principios democráticos en el ejercicio cotidiano de nuestra ciudadanía en ambos mundos, el físico y el virtual. Por ello, estas prácticas apuntan a desarrollar competencias para ejercer nuestros deberes y derechos en entornos digitales, construyendo una identidad digital, accediendo y participando en redes locales y globales, promoviendo interacciones sociales éticas, seguras y responsables.

    → Lea Sulmont Haak
    Doctora en ciencias de la Educación. Docente de la Facultad de Educación de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Gerente de Formación de Tinkuy Marka Academy. Consejera del Consejo Nacional de la Educación (CNE).


    [1] En: https://bit.ly/2Xnf3FN
    [2] En: https://www.commonsense.org/
    [3] En: https://www.commonsense.org/
    [4] En: https://www.childwise.org.au/
    [5] En: https://www.imperosoftware.com/us/resources/white-papers/a-framework-for-positive-digital-citizenship/
    [6] En: http://www.lse.ac.uk/media-and-communications/research/research-projects/disto

     


    Fuente: TAREA informa

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